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Rusia implementa restricciones debido al aumento de las muertes por COVID-19

Cerca de 38.000 nuevos casos de COVID-19 y 1.069 muertes fueron registradas el lunes en Rusia.


Especialistas médicos transportan a un paciente fuera de un hospital para personas infectadas con COVID-19 en Moscú el 13 de octubre de 2021.
Especialistas médicos transportan a un paciente fuera de un hospital para personas infectadas con COVID-19 en Moscú el 13 de octubre de 2021.

Mientras una cuarta ola cada vez más letal de COVID-19 amenaza con abrumar a los hospitales de Rusia, los funcionarios que habían dudado en implementar restricciones en los últimos meses lo están haciendo ahora en un intento desesperado por tratar de reducir el número récord de personas que mueren todos los días.


El lunes, hubo un máximo histórico de 37.930 casos nuevos, junto con 1.069 muertes adicionales, según el grupo de trabajo del coronavirus del país.


"Hay una guerra real en la zona roja de los hospitales de todo el país", escribió el Dr. Denis Protsenko, el médico jefe de coronavirus del país, en su cuenta de redes sociales de Telegram.

Protsenko es el médico jefe del hospital de enfermedades infecciosas Kommunarka en Moscú.


Los funcionarios municipales dijeron que desde septiembre, los casos en la capital de Rusia han aumentado en un 30 por ciento cada semana y rondan los 8.000 por día, una trayectoria que el alcalde Sergey Sobyanin ha reconocido es el "peor de los casos".


Para tratar de frenar la propagación, Moscú implementará un bloqueo parcial que comenzará el jueves.


A partir del lunes, se ordenó que cualquier persona mayor de 60 años se quede en casa hasta el 25 de febrero si no ha sido vacunada o infectada previamente con COVID-19 durante los últimos seis meses.


En su sitio web, Sobyanin hizo un llamado a los adultos mayores para que se vacunen, señalando que la tasa de vacunación para los mayores de 60 años es un poco más del 30 por ciento en Moscú, mientras que ese grupo demográfico representa el 86 por ciento de los que mueren en los hospitales de la ciudad.


En un esfuerzo por aumentar las vacunas entre ese grupo de edad y aquellos con enfermedades crónicas, la ciudad de 12 millones de personas está imponiendo restricciones estrictas que entraron en vigor el 25 de octubre para aquellos que no han sido vacunados o infectados previamente. Se supone que deben quedarse en casa durante cuatro meses; pero se les permite salir a caminar y hacer ejercicio.


Con más de 1.000 personas muriendo de COVID-19 todos los días durante los últimos 10 días y con tasas de vacunación rezagadas, Rusia ha declarado una semana no laboral del 1 de noviembre al 7 de noviembre, periodo que coincide con los feriados legales el 4 y 5 de noviembre para el Día de la Unidad, que conmemora un levantamiento de 1612 contra las fuerzas polacas y lituanas.


Además de la semana no laboral, Moscú impondrá un cierre parcial entre el 28 de octubre y el 7 de noviembre. Durante este período, todas las tiendas que no sean esenciales estarán cerradas y se prohibirá comer en restaurantes; pero el transporte público continuará operando.


Los teatros y museos también seguirán funcionando, pero al 50 por ciento de su capacidad, y todos los visitantes deberán mostrar un código QR de vacunación o una prueba de que han tenido una infección reciente por COVID-19.


Las medidas están programadas para durar solo 11 días y el alcalde dijo que las restricciones son similares a tomar una aspirina para la fiebre.


La píldora no curará la enfermedad, escribió, pero le da al cuerpo un respiro.

"Descansemos un poco y ayudemos a preservar la vida y la salud de muchas personas", escribió.

Algunas otras ciudades, incluida San Petersburgo, que también entrará en un cierre parcial el 30 de octubre, obligan a todos los lugares públicos, como restaurantes y gimnasios, a exigir que los huéspedes tengan un código QR.

Sin embargo, Moscú no lo exige.


Si bien los funcionarios en Rusia han dudado en imponer restricciones, los casos en aumento y las muertes están afectando a los hospitales y al personal médico.


En la ciudad siberiana de Biysk, a 3.000 kilómetros al sureste de Moscú, hay informes de que parte del personal del hospital tiene que trabajar 72 horas seguidas para mantenerse al día con el número de pacientes con COVID-19 que ingresan. La ciudad también tuvo que construir una morgue adicional.


En Biysk, como en el resto de Rusia, las tasas de vacunación son bajas.


En todo el país, un poco más del 40 por ciento de los adultos han recibido dos dosis de una vacuna, según Gogov, que cuenta las estadísticas de toda Rusia.


La vacuna Sputnik V, que Rusia dio a conocer en agosto de 2020, no ha sido autorizada para su uso en menores de 18 años, por lo que los aproximadamente 30 millones de niños del país siguen sin vacunar.


A pesar de las súplicas de los funcionarios del gobierno, incluido el presidente Vladimir Putin, quien recibió la vacuna Sputnik, la tasa de vacunación se ha estancado.


El 21 de octubre, Putin reiteró que no apoya las vacunas obligatorias, pero enfatizó que las personas solo tienen dos opciones, "enfermarse o vacunarse".


Para que Rusia pueda tener una "buena inmunidad en su población", el 70 por ciento o más tendría que ser vacunado. Como los niños no pueden ser vacunados actualmente en el país, eso significa que todos los adultos deberían estarlo y dado que más de la mitad de ellos no están dispuestos a recibir una inyección, dijo que el gobierno no tiene más remedio que imponer restricciones cada vez que los hospitales se acercan a la saturación.



ARTÍCULO POR: BRIAR STEWART

FOTOGRAFÍA: REUTERS

EDICIÓN Y TRADUCCIÓN POR: ELIANA GONZÁLEZ


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